Cuando me amé de verdad…
Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional no es sino una señal de que voy contra mis propias verdades. Ahora soy siempre fiel a mi corazón.
Cuando me amé de verdad, percibí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, ella es una gran y valiosa aliada. Eso es gracias a la práctica de la meditación.
Cuando me amé de verdad, comencé a percibir como es ofensivo tratar de forzar alguna situación, o persona, solo para realizar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o la persona no está preparada, inclusive yo mismo. Eso es el respeto hacia otros y hacia mí mismo.
Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable… personas, situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. De inicio mi razón llamó esa actitud egoísmo. Hoy a eso le llamo amor propio.
Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente y comencé a ver todo lo que acontece y que contribuye a mi crecimiento. A eso se le llama madurez.
Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y con eso, erré menos veces. Hoy aprendo más porque escucho más y he descubierto que eso es la humildad.
Cuando me amé de verdad comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto, en la hora correcta y en el momento exacto y entonces, pude relajarme. Hoy puedo decir que estoy en armonía.
Cuando me amé de verdad, dejé de temer al tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos del futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé que ese es el secreto de la felicidad.
Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez, y eso se llama plenitud.
El amor propio es el principio y el fin. Sin él no podemos amar a los demás ni dejar que nos amen. Al final, si nos amamos, podemos ayudar a que los demás también se amen.
- Basado en un poema de Charles Chaplin


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